EL MAILLOT DE “PAVÉ”: UN ACTO DE “FILANTROPÍA CICLISTA”

John Degenkolb es uno de esos ciclistas que parecen sacados de la típica película de tiempos de la guerra fría, de la misma Alemania del este, del otro lado del muro. John Degenkolb es uno de esos ciclistas que, contradiciendo toda lógica, encuentra su paraíso en el infierno que está en medio del camino de París a Roubaix.

Porque los mejores días del ciclista John Degenkolb han acontecido en un sitio que es patrimonio material del ciclismo, del planeta de la bicicleta y el universo de sus amantes, un lugar de culto que transcurre por muchos kilómetros, por campas, y bosques, por entre minas abandonadas y sendas militares.

Un lugar de culto que tiene un elemento en común, el pavé, el adoquín, esa piedra molesta y chirriona, cuya vibración se clava en el riñón y destroza las lumbares cuando vas en bici. Esa piedra es la que cada año concita cientos, miles de aficionados en la cuneta y millones de miradas por la televisión para ver la París-Roubaix, la clásica más emblemática del ciclismo y la que mejor define su esencia a caballo entre la involución y la dureza atroz que cincelan el carácter del ciclista.

Pavé Culture Cycliste by Gobik

Pero volviendo a Jonh Degenkolb, él vivió en el infierno los días más dulces de su carrera deportiva. Aquí ganó Roubaix, hace cuatro años, y aquí ganó una etapa del Tour, el año pasado, un par de horas antes que Francia fuera campeona del mundo.

El alemán, que sufrió un gravísimo atropello entrenando por las montañas de Levante, es un tío agradecido, y desde hace un tiempo colabora con una entidad que lleva por nombre “Les Amis de Roubaix” y que no es otra cosa que la salvaguarda de aquellos tramos de pavé y adoquín que engalanan cada París-Roubaix

Su labor es extensa en el terreno y concreta en el objetivo. Cuidan, miman y velan por ese patrimonio tan ciclista como las grandes cimas de los Dolomitas, los puertos de los Pirineos, los muros flamencos… Escenarios que beben de la grandeza de este deporte y viceversa, una labor impagable. Llevan tres décadas trabajando sobre el terreno, siendo la clave no sólo en la conservación de las alfombras de adoquines, también en el descubrimiento de nuevos tramos, como cuando sugirieron el mítico paso de Arenberg hace más de cuarenta años.

Pavé Culture Cycliste by Gobik

Este grupo puso en portadas el riesgo que la modernidad implicaba para los caminos de pavé hacia Roubaix. Se movieron, hicieron ruido, sacaron firmas. Todo esto fue a inicios de los ochenta cuando acabaron por firmar los estatutos de “Les Amis de Paris-Roubaix”. Son actualmente unas 200 personas y limpian el adoquín, renuevan los tramos maltratados por el paso del tiempo, divulgan el patrimonio entre los jóvenes del lugar para que no se pierda el amor por la piedra y hacen planes de cuidados a tres años vista.

La propuesta de Pavé

Cientos de kilómetros al sur, en Barcelona, en uno de los recodos del Llobregat, hubo una tienda que fue un santuario de Roubaix en el corazón del Prat de Llobregat. Su nombre fue “Pavé”.

Su creador, Javier Maya, quiso crear algo diferente, una especie de materialización de su amor platónico por la bicicleta y a imagen y semejanza de un concesionario de coche, le dio a la bicicleta el poder de llenar con su belleza un espacio de la impersonalidad de una nave industrial.

Allí, durante unos años, creó un espacio de reunión para los amantes del ciclismo y cada uno se llevó en el corazón un pedacito de aquellos días. Algunos guardan, incluso, un conjunto ciclista negro con letras y algunos motivos morados: fue el conjunto de la grupeta que salía y llegaba a “Pavé”.

Rememorando aquella pieza, pasado un tiempo desde el cierre de la tienda, Javier Maya contactó con Gobik para poner ese diseño de nuevo en el circuito. “He visto que mucha de nuestra gente ha guardado su luto por el cierre de “Pavé” y vueltas las aguas a su cauce, creo que es una buena idea recuperar aquella prenda que muchos guardan en su armario desde 2012, pero con las calidades del 2019”.

“Pavé” no volverá, pero su maillot sí y lo hará con una sola condición: “Yo no quiero nada del beneficio por la venta de la prenda, sólo pido que el 10% de lo recaudado vaya a Les Amis de París-Roubaix”.

“Pavé” no volverá, pero queda su espíritu platónico por la bicicleta, queda una ayuda, otra, como la de John Degenkolb, pequeña o grande, para que Roubaix siga escribiendo las mejores páginas de la historia del ciclismo cada domingo de Pascua.

Texto: El cuaderno de Joan Seguidor

Fotos: cortesía de Javier Maya y Simon Connellan [Unsplash]