David Valero, ante su segunda oportunidad olímpica

En las lomas altas de Sierra Nevada, David Valero consume los últimos entrenamientos de calidad con la idea de Tokio en la cabeza. Otra vez los Juegos Olímpicos, cinco años después de Río de Janeiro, donde redondeó con una novena plaza el bronce de su amigo y manager del BH Templo Cafés, Carlos Coloma.

Para David Valero, en la cita olímpica llueve sobre mojado, los Juegos los conoce de primera mano, pero sus imágenes le han acompañado siempre, pues un evento así trasciende a todo, a tu deporte, sociedad y países. “Los aros olímpicos son un símbolo presente en todos los sitios, bajo ellos pasaba para entrar en el polideportivo de mi pueblo”.

Con el tiempo se interesó por la competición de BTT: “Seguí las carreras de Pekín y Londres, las seguía con atención, pero debo admitir que el gusanillo no me entró, quizá porque las veía tan lejanas que no imaginaba nunca que iba a poder llegar”.

Hoy es un biker olímpico, en capilla de una nueva prueba olímpica: “Nunca pensé que esto llegara así, tan rápido” afirma con tino, pues no fue hasta un año antes, 2015, que debutó en la Copa del Mundo y decidió dedicarse al 100 % al BTT. “Firmé un podio en la Copa del Mundo y el seleccionador tuvo que decidir entre Mantecón, Hermida, Coloma y yo. Le pusimos las cosas complicadas”.

Él formó parte del tridente de Río de Janeiro, una carrera de la que recuerda “unos nervios bestiales en los momentos previos a la carrera”. Nervios aderezados por el barro que había generado la tromba de agua que cayó la noche de antes, nervios que se trasladaron a la prueba cuando “quedé enganchado de salida por un error de novato”. Llegó a ir el trigésimo, acabó noveno.

Ahora Tokio 2020

La ruta hacia la capital nipona tiene final un año más tarde de lo esperado: “Ha sido un periodo en el que ha habido momentos de todo. Al inicio de la cuarentena, el año pasado, lo pasé mal. Los Juegos seguían programados y veía que mis rivales se estaban preparando de forma diferente a la mía por vivir en otros países. A eso se le añadió que somos personas acostumbradas a movernos y viajar. Aquello fue una interrupción total. Hasta que no se anunció el aplazamiento de los Juegos no respiré tranquilo”.

En este tiempo, Gobik ha sido, y sigue siendo, fiel compañero. “Estoy muy contento con sus prendas -admite-, la calidad de su ropa es buena y no paran de mejorar, pues están abiertos a escuchar cualquier crítica que sea constructiva”. 

“La gama de verano es increíble” concluye. 

El año en marcha se ha planteado con un objetivo: ir de menos a más en ritmo y hambre de bicicleta para el día olímpico.

“El circuito de Tokio intercala zonas artificiales y naturales, sin una subida que parezca decisiva. Se necesita mucha fuerza -como ya nos contó Rocío- por los continuos cambios de ritmo. Ir muy adelante es clave”.

El lunes 26 de julio estaremos pendientes de su suerte.

Por El Cuaderno de Joan Seguidor

Fotos Silvia Fernández Sainz